Importancia del Juego en Nuestros Hijos

El jue­go es una acti­vi­dad impor­tan­te, ade­más de pla­cen­te­ra, nece­sa­ria para el desa­rro­llo inte­lec­tual y emo­cio­nal del niño. La Impor­tan­cia del jue­go espon­tá­neo y libre favo­re­ce la crea­ti­vi­dad del niño y fomen­ta su madu­ra­ción. Los niños tie­nen pocas oca­sio­nes para jugar libre­men­te. A veces, con­si­de­ra­mos que “jugar por jugar” es una per­di­da de tiem­po y que sería más ren­ta­ble apren­der algo útil.

No obs­tan­te, por medio del jue­go, los niños empie­zan a com­pren­der cómo fun­cio­nan las cosas, lo que pue­de o no hacer­se con ellas, des­cu­bren que exis­ten reglas de cau­sa­li­dad, de pro­ba­bi­li­dad y de con­duc­ta que deben acep­tar­se si quie­ren que los demás jue­guen con ellos. La Impor­tan­cia del jue­go de los niños debe­rían con­si­de­rar­se como sus actos más serios, decía Montaigne.

El jue­go espon­tá­neo está lleno de sig­ni­fi­ca­do por­que sur­ge con moti­vo de pro­ce­sos inter­nos que aun­que noso­tros no enten­da­mos debe­mos res­pe­tar. Si se desea cono­cer a los niños ‑su mun­do cons­cien­te e incons­cien­te- es nece­sa­rio com­pren­der sus jue­gos; obser­van­do éstos des­cu­bri­mos sus adqui­si­cio­nes evo­lu­ti­vas, sus inquie­tu­des, sus mie­dos, aque­llas nece­si­da­des y deseos que no pue­den expre­sar con pala­bras y que encuen­tran sali­da a tra­vés del juego.

Tiem­po de lec­tu­ra esti­ma­do: 5 minutos

Juego y realidad: valor del juego simbólico (juego de ficción)

Los tipos de jue­gos de los niños mues­tran su evolución: 

Etapa de Adquisición


- En la eta­pa de adqui­si­ción de las capa­ci­da­des sen­so­rio-motri­ces, se reco­mien­dan jue­gos fun­cio­na­les, de acción, de sen­sa­cio­nes y movi­mien­tos

Etapa Pensamiento


- En las pri­me­ras son la del pen­sa­mien­to del niño, en el que empie­za a pen­sar en rea­li­zar ope­ra­cio­nes con­cre­tas, son reco­men­da­bles los jue­gos de fic­ción, sim­bó­li­cos o de repre­sen­ta­ción.

Fase Formal y Concentración

- En la fase del pen­sa­mien­to for­mal y la con­cen­tra­ción, los mejo­res son jue­gos regla­dos y estruc­tu­ra­dos, de depor­te, com­pe­ti­ción. Ade­más, el  sim­bó­li­co o de fic­ción el más apre­cia­do; obli­ga­do a adap­tar­se a un mun­do social adul­to y a una reali­dad físi­ca que aún no com­pren­de, el niño nece­si­ta inven­tar­se su pro­pio mun­do a par­tir de aque­llo que vive, pero tra­du­cién­do­lo a un len­gua­je sim­bó­li­co, per­so­nal, con el que adap­tar ese mun­do externo a sus nece­si­da­des. Por medio del jue­go de fic­ción el niño asi­mi­la poco a poco ese mun­do externo, lo ela­bo­ra y se adap­ta a él en un pro­ce­so con­ti­nuo de maduración.

Juego y desarrollo intelectual

Los niños empie­zan a usar sím­bo­los des­de el segun­do año de vida (por ejem­plo, al seña­lar un perro dicien­do “guau” o al hacer como si bebie­ra de una taza), repi­tien­do actos que han vis­to en adul­tos, repre­sen­tan­do suce­sos que han vivi­do o imi­tan­do el fun­cio­na­mien­to de deter­mi­na­dos obje­tos. En ese imi­tar del niño se pro­du­ce la asi­mi­la­ción de las situa­cio­nes y rela­cio­nes que obser­va en el mun­do que le rodea. Par­te de mode­los con­cre­tos para, más ade­lan­te, lle­gar a la concentración.

La fun­ción sim­bó­li­ca es una meta para la repre­sen­ta­ción común al jue­go y a otras acti­vi­da­des huma­nas como el len­gua­je. Cuan­do falla la adqui­si­ción y uti­li­za­ción de la fun­ción sim­bó­li­ca ( autis­mo, defi­cien­cia men­tal…) se advier­te la impor­tan­cia de la mis­ma en la madu­ra­ción per­so­nal y la nece­si­dad de poten­ciar en la infan­cia la prác­ti­ca del jue­go espon­tá­neo para que pue­dan lograr­se los nive­les ade­cua­dos en cada eta­pa evolutiva.

Juego y personalidad

A veces, deter­mi­na­das difi­cul­ta­des, que qui­zá pare­cen insu­pe­ra­bles para el niño, pue­den hacer­se fren­te por medio de los jue­gos, siem­pre que se abor­den a su modo y plan­tean­do de uno en uno los aspec­tos del problema.

Los celos por el naci­mien­to de un nue­vo her­mano, por ejem­plo, es un tipo común de con­flic­to, que sue­le apa­re­cer enmas­ca­ra­do en los jue­gos como reac­ción a pro­ce­sos inter­nos que el mis­mo niño des­co­no­ce, pero que le ayu­da­rán a acep­tar esa reali­dad, al repre­sen­tar­se el pro­ble­ma de una for­ma nue­va y gra­ta para él, como cuan­do tra­ta a su muñe­co del mis­mo modo que él quie­re ser tra­ta­do o cuan­do reac­cio­na en su jue­go como que­rría haber­lo hecho en la reali­dad. En el jue­go se da una adap­ta­ción entre lo ima­gi­na­ble (todo es posi­ble) y lo per­mi­ti­do (reglas de con­duc­ta), en la que el niño tie­ne tiem­po de apren­der lo que es fac­ti­ble y correc­to mien­tras per­mi­te una sali­da airo­sa a sus impulsos.

El juego es una actividad imprescindible

- El jue­go es nece­sa­rio para el desa­rro­llo inte­lec­tual, emo­cio­nal y social. 
- Per­mi­te tres fun­cio­nes bási­cas de la madu­ra­ción psí­qui­ca: la asi­mi­la­ción, com­pren­sión y adap­ta­ción de la reali­dad exter­na. 
- Exi­ge ofre­cer al niño el tiem­po y los medios favo­ra­bles para que lo pue­da rea­li­zar a su modo. 
- Favo­re­ce las adqui­si­cio­nes socia­les tem­pra­nas, las habi­li­da­des de comu­ni­ca­ción social. Es una pre­pa­ra­ción para la vida adul­ta. 
- Como con­duc­ta explo­ra­to­ria, impul­sa la crea­ción de cam­pos de acción y la crea­ti­vi­dad. 
- Tie­ne un sen­ti­do para el niño. Cuan­do se le inte­rrum­pe cual­quier jue­go, se le pri­va del des­en­la­ce de un argu­men­to crea­do por él mis­mo con una fina­li­dad que no siem­pre alcan­za­mos a comprender.

Infor­ma­ción ela­bo­ra­da por el Minis­te­rio de Edu­ca­ción y Cul­tu­ra Español

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Por Jesús

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